EL ÁRBOL DE LA VIDA

Expresar algo más poderoso y profundo de lo que a primera instancia apreciamos en una obra de arte, es la pasión que mueve al artista a crear, por lo menos a mi.
Y me gustaría decirte con ternura, desde esta creación, que estamos conectados a un nivel sutil, como esas lucecitas del árbol de la vida.

Las almas al ser eternas se comunican y están unidas a través de un hilo de luz intangible. Sentimos esos mensajes en la calma desde el pálpito de nuestros corazones.
Entonces, de una manera “casual”  aunque ya es bien conocido eso de que las casualidades no existen nos ayudamos unos a otros inconscientemente, desde los encuentros y también desde los desencuentros, a situarnos en nuestro camino.

Es igual que las ramas de los arboles que quizás ignoren que se encuentran unidas a un mismo tronco, ni seamos conscientes de la grandeza de esa unión, ni del poder de nuestra propia energía desde la que podemos sentirnos y comunicarnos sin necesidad de ningún instrumento, ni tan siquiera la voz.
Experimentar esa sincronía con algún ser muy cercano, un amigo, madre o hermano, es habitual, se reconozca o no.

Cuando esta comunicación se da entre dos seres en apariencia lejanos y sin pactar ni hablar previamente, se sienten como si un lenguaje indeleble les hubiera tatuado el alma, es algo increíble, sublime, impresionante, propio de otro plano más elevado, de un mundo distante de nuestra experiencia que habita en la maravilla y en los sueños.
Tan poderosa y fuerte esa sensación mágica que te transporta hasta los propios límites y te hace saber del material que nos construye y de lo que en verdad uno es capaz .Esa unión, aun etérica, intangible, es puro cielo. No existe distancia ni tiempo entre dos almas que fueron una.

Y aunque es una paradoja, es cuestión de tiempo que se de su unión plena, porque en su esencia y alma, ya lo están. Eso es la maravilla de amar.
No siempre uno puede estar físicamente donde quiere, pero con toda la energía, el alma y el corazón, sí.
Y eso se siente tan profundo y fuerte, que hay un momento de inflexión en el que ya no cabe duda y solo queda confiar en el árbol de la vida, el cual es tan frondoso en su envergadura como profundas y enormes son sus raíces, reflejo de su singularidad.

Así es preferible emitir creatividad, belleza, amor, alegría, abundancia, cariño y hermosos sentimientos, a través de lo que hagamos, ya sea cocinar, construir un edificio, abrazar a un niño, gestionar una empresa o crear una obra de arte.
Es magnífico cuando de la pequeña semilla que somos en potencia, se extienden nuestras ramas y frutos hasta lo más alto, encontrando el caminito de luz para en la sensibilidad de la punta los dedos, como en los frutos del árbol más bello, alcanzar la caricia de los cielos, que son espejo de amar.

 

 

Elvia Cor

Escultora y pintora.

 

 

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