Salut i bellesa

ADICCIONES: UNA MIRADA TRANSGENERACIONAL

Cuando hablamos de adicciones desde una mirada de sistema familiar transgeneracional, no lo vemos solo como un problema individual, sino como la expresión de algo más profundo que ocurre dentro del sistema familiar.

A lo largo de mi experiencia, he podido observar que las personas con adicciones, ya sea al alcohol, a la comida, a las relaciones o a cualquier otra conducta, muchas veces están mostrando un desequilibrio que no empezó en ellas, sino que viene de antes.

En muchos casos, detrás de una adicción encontramos exclusiones o secretos familiares. Personas que fueron olvidadas, rechazadas o de las que no se habla. Puede tratarse de pérdidas, traumas, abusos o incluso otras adicciones. De forma inconsciente, alguien del sistema puede repetir ese patrón como una manera de darles un lugar y pertenecer.

También es habitual encontrar un desequilibrio entre dar y recibir. Cuando una persona ha dado demasiado emocionalmente, especialmente en su infancia, o no ha recibido el amor que necesitaba, se genera un vacío interno muy profundo. La adicción aparece entonces como un intento de llenar ese vacío.

Otra situación frecuente es la inversión de roles. Niños que han tenido que hacerse adultos antes de tiempo, cuidar a sus padres o sostener emocionalmente a la familia. Esa carga, mantenida durante años, puede manifestarse más adelante en forma de adicción, como una vía de escape o una forma de anestesiar el cansancio emocional.

La falta de vínculo afectivo o el amor no expresado también deja huella. Cuando una persona no se ha sentido vista, reconocida o querida de forma clara, puede crecer con una sensación de no ser suficiente. La adicción intenta compensar ese dolor.

Desde el enfoque transgeneracional, también observamos las lealtades invisibles. A veces, sin darnos cuenta, repetimos historias o sufrimientos de nuestros ancestros por amor y fidelidad. Es como si dijéramos inconscientemente: “si tú sufriste, yo también lo haré”.

Por último, los duelos no resueltos y los traumas familiares también tienen un gran peso. Pérdidas no elaboradas, violencia o abandonos pueden quedar grabados en el sistema, y la adicción aparece como una forma de no sentir ese dolor.

Por eso, cuando acompaño a una persona con adicción, no la veo como alguien débil, sino como alguien profundamente sensible que, de alguna manera, está mostrando lo que necesita ser mirado y sanado en su sistema familiar.

El trabajo no es solo dejar la adicción, sino comprender qué hay detrás, devolver a cada miembro su lugar y liberar a la persona de cargas que no le corresponden.

Desde ahí, empieza un verdadero proceso de transformación.

Redacció

Sandra Granado CEO de ladonaesactualitat.cat Coach especializada en Sistema Familiar y Transgeneracional

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