Salut i bellesa

LA SENSIBILIDAD EN UNA SOCIEDAD QUE HA OLVIDADO LA EMPATÍA, PRIMERA PARTE

Vivimos en una sociedad donde parece que sentir demasiado se ha convertido en una debilidad, donde escuchar al otro cuesta más que juzgarlo y donde muchas personas prefieren mirar hacia otro lado antes que implicarse en el dolor ajeno.

Ser sensible no significa ser débil. Significa tener la capacidad de ponerse en la piel de otra persona, de percibir aquello que no se dice con palabras y de comprender que detrás de cada sonrisa puede existir una historia que desconocemos.

Nos estamos acostumbrando a vivir deprisa, a opinar sin conocer, a señalar sin comprender y a normalizar situaciones que deberían remover nuestras conciencias. Hemos aprendido a proteger nuestro ego, pero estamos olvidando cuidar nuestros vínculos humanos.

La empatía no consiste en estar de acuerdo con todo el mundo, sino en respetar, comprender y no añadir más dolor al dolor de los demás.

Quizá el problema no sea que existan personas demasiado sensibles, sino que estamos construyendo una sociedad que cada vez tolera menos la sensibilidad y justifica demasiado la indiferencia.

Yo sigo creyendo en la humanidad, en los pequeños gestos, en las palabras que abrazan y en las personas que ayudan sin esperar nada a cambio. Porque, en un mundo que a veces parece haber perdido el rumbo, sentir, acompañar y actuar con humanidad sigue siendo una forma de resistencia.

No necesitamos personas perfectas. Necesitamos personas más humanas.

Este vídeo tiene dos partes. En esta primera hablamos de la realidad de una sociedad con poca empatía; en la segunda te explicaré el lado positivo de la sensibilidad y por qué puede convertirse en una de nuestras mayores fortalezas.

Redacció

Redacció

Sandra Granado CEO de ladonaesactualitat.cat Coach especializada en Sistema Familiar y Transgeneracional