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CUANDO EL AMOR EMPIEZA A DAR MIEDO:UNA MIRADA DESDE EL ACOMPAÑAMIENTO

A lo largo de mi experiencia como coach he acompañado a mujeres que, cuando llegan a una sesión, todavía no se reconocen como víctimas de violencia de género. Y quizá esta sea una de las partes más difíciles del proceso. Porque muchas veces la violencia no comienza con un golpe. Comienza con una pregunta aparentemente inocente:

“¿Con quién estabas?”

Después llega:

“¿Por qué tardaste tanto?”

Más adelante:

“No me gusta que te vistas así.”

Y poco a poco, casi sin darse cuenta, algunas mujeres empiezan a modificar su manera de vestir, de hablar, de relacionarse e incluso de ser para evitar un conflicto. La violencia puede instalarse de una manera silenciosa.

Recuerdo especialmente una situación que trabajé durante un proceso de acompañamiento. No voy a contar quién era ni los detalles que pudieran identificarla, porque detrás de cada historia hay una persona y su derecho a la intimidad.

Ella no llegó diciendo: “Estoy sufriendo violencia.”

Llegó diciendo:“No sé qué me pasa. Ya no soy la misma.”

Esa frase, como coach, me hizo detenerme. Porque cuando una persona comienza a perder su seguridad, su autoestima y la confianza en su propio criterio, merece que alguien la escuche sin juzgarla. Durante el proceso apareció algo muy habitual: la confusión. Después de una discusión podía llegar el arrepentimiento, las disculpas, las promesas de cambio y momentos de enorme afecto.

Y entonces aparecía la duda:“¿Quizá estoy exagerando?”

Pero el problema no era solamente lo que ocurría después de la discusión. Era el ciclo,tensión, conflicto, arrepentimiento perdón, reconciliación. Y, con el tiempo, nuevamente tensión. El perdón no siempre significa cambio,una de las cosas que más trabajamos fue aprender a diferenciar arrepentimiento de transformación, pedir perdón puede ser sincero. Pero un perdón acompañado de las mismas conductas, los mismos controles, las mismas amenazas, las mismas humillaciones o la misma manipulación no está solucionando el problema.

Por eso, una pregunta que puede ser importante no es: “¿Me ha pedido perdón?”

Sino:“¿Qué ha cambiado realmente después de ese perdón?”

Porque el cambio no se demuestra solamente con palabras. Se demuestra con conductas mantenidas en el tiempo. Recuperar la propia voz. El coaching no consiste en decirle a una mujer qué decisión debe tomar.

No se trata de decirle: “Déjalo” o “Tienes que hacer esto.”

Se trata de ayudarla a volver a escucharse.

A recuperar preguntas que quizá llevaba mucho tiempo sin hacerse:

¿Qué quiero yo?
¿Qué necesito?
¿Qué límites tengo?
¿Qué cosas he dejado de hacer por miedo?
¿En qué momento dejé de reconocerme?

Cuando una persona ha vivido una relación basada en el control, puede necesitar tiempo para volver a confiar en su propia percepción. Y ahí el acompañamiento puede convertirse en un espacio para recuperar autoestima, claridad y autonomía. No confundamos sensibilidad con debilidad.

También he aprendido algo importante acompañando a mujeres: ser sensible no significa ser débil. Muchas mujeres permanecen en relaciones dañinas no porque sean débiles, sino porque existen vínculos emocionales, miedo, dependencia económica, hijos, aislamiento, esperanza de cambio y muchas otras circunstancias que pueden hacer extremadamente difícil tomar decisiones. Si una relación empieza a generar miedo, control, aislamiento o pérdida de autoestima, merece ser mirada. Y si estás viviendo una situación de violencia, buscar ayuda profesional.

Redacció

Redacció

Sandra Granado CEO de ladonaesactualitat.cat Coach especializada en Sistema Familiar y Transgeneracional

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