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¿Y SI HUBIERA SIDO UN HOMBRE?

Hay situaciones que deberían hacernos parar y preguntarnos qué sociedad estamos construyendo.

El caso protagonizado por Javier Ortega Smith y una trabajadora que se encontraba de baja por maternidad vuelve a poner sobre la mesa una cuestión que, en pleno 2026, debería estar más que superada: ¿por qué seguimos cuestionando a una mujer por ejercer un derecho vinculado a la maternidad?

La trabajadora se reincorporó después de su permiso de maternidad y fue apartada de su puesto. Según los hechos recogidos en la resolución judicial, durante una conversación se le reprochó que no hubiera acudido a plenos ni mantenido contacto con el grupo mientras estaba de baja. El Tribunal Supremo no consideró que existiera delito, pero sí calificó la conducta como «un tanto machista» y señaló posibles indicios de discriminación sexista.

Y aquí es donde quiero detenerme.

¿Qué habría ocurrido si quien hubiera estado de baja hubiera sido un hombre por paternidad?

La pregunta resulta incómoda, pero es necesaria. Porque una baja por maternidad no es estar de vacaciones. No es desinterés. No es abandonar un puesto de trabajo. Es un derecho reconocido para proteger a la madre y al bebé durante un periodo especialmente importante.

Y exigir a una mujer que demuestre su compromiso profesional precisamente durante ese periodo abre una puerta muy peligrosa: la de hacerle sentir que ser madre tiene un precio profesional.

Esto no debería convertirse únicamente en una discusión sobre Ortega Smith. Debería servirnos para mirar mucho más allá.

¿Cuántas mujeres siguen sintiendo que tienen que demostrar que son buenas profesionales después de ser madres? ¿Cuántas sienten culpa por desconectar? ¿Cuántas tienen miedo de pedir una baja, una reducción de jornada o una conciliación porque temen que alguien interprete sus derechos como falta de compromiso?

Y sí, creo que debemos llamar a las cosas por su nombre cuando los hechos y las propias instituciones aportan elementos para hacerlo.

El propio Tribunal Supremo ha utilizado el término «machista» para describir la conducta analizada.

Porque el machismo no siempre aparece en un insulto evidente. A veces aparece cuando se cuestiona a una mujer por cuidar de su hijo. Cuando se interpreta su ausencia legal como falta de interés. Cuando se compara su comportamiento durante una baja de maternidad con el de un trabajador que no estaba atravesando las mismas circunstancias.

Y entonces surge otra palabra que parece haberse perdido: empatía. Vivimos en una sociedad en la que demasiadas veces cada persona mira únicamente su propio ombligo, sus intereses y su posición de poder. Pero tener poder no debería significar utilizarlo para hacer sentir pequeña a otra persona.

La verdadera autoridad no necesita humillar.

La verdadera profesionalidad no necesita abusar de una posición.

Y una sociedad verdaderamente avanzada no debería hacer que una mujer tenga que elegir entre ser madre y demostrar que sigue siendo una trabajadora comprometida.

Por eso la pregunta permanece: Si hubiera sido un hombre quien estuviera de baja por paternidad, ¿se le habría exigido exactamente lo mismo?

No tengo esa respuesta.

Pero sí creo que tenemos la obligación de hacernos la pregunta.Porque mientras sigamos cuestionando los derechos de las mujeres, seguiremos teniendo mucho trabajo pendiente. Y quizá ya sea hora de dejar de mirar nuestro propio ombligo y empezar a mirar qué sociedad estamos construyendo para quienes vienen detrás.

Redacció

Redacció

Sandra Granado CEO de ladonaesactualitat.cat Coach especializada en Sistema Familiar y Transgeneracional

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