LOS CAMBIOS EN LA MENOPAUSIA

La menopausia alude a un periodo vital en el que desaparecen, de manera gradual, la ovulación y la menstruación. Además, la menopausia está asociada a una serie de cambios cerebrales y físicos que dan lugar a la aparición de ciertos síntomas. Algunos son más frecuentes, como los sofocos o la sensación de calor repentina, una mayor acumulación de grasa, la sequedad vaginal o el insomnio. Otros, menos comunes, incluyen ansiedad, cambios de humor o incontinencia urinaria.

Estos síntomas se han asociado de manera tradicional a la finalización de la ovulación, pero su origen realmente reside en el cerebro y en los cambios hormonales, según indica la neurocientífica Laura Mosconi en una de sus charlas sobre la menopausia. Así, la reducción de los niveles de estrógenos y progesterona afectaría al envejecimiento cerebral, dando lugar a una buena parte de los síntomas mencionados.

 

El sistema neuroendocrino

Para entender la relación entre los cambios cerebrales y la menopausia es necesario comprender el funcionamiento del sistema neuroendocrino. Este es el encargado de producir y secretar hormonas, y tiene como función regular la actividad de determinadas células y órganos, como los ovarios y el cerebro. Por tanto, están conectados a través de este sistema y se comunican continuamente, influyendo uno en la salud del otro.

Las hormonas no solo participan en la reproducción o el metabolismo, sino también en el funcionamiento cerebral. Concretamente, el estrógeno tiene un papel clave. Así, se cumple una regla: si el nivel de estrógenos es alto, el nivel de energía también lo será. En cambio, cuando los niveles de esta hormona se reducen, las neuronas comienzan a reducir su actividad.
Como veremos a continuación, estos efectos se dan de una manera más pronunciada en algunas regiones del cerebro. Esto da lugar a síntomas concretos comunes en la menopausia y que tradicionalmente, y de forma reduccionista, se han relacionado con la desaparición de la ovulación.

 

La menopausia y los cambios en el cerebro

Una de las regiones cerebrales que experimenta más cambios durante la menopausia es el hipotálamo. Esta estructura situada en la base del encéfalo controla la actividad del sistema nervioso y de la hipófisis. Además, produce una serie de hormonas que controlan la libido, los estados de ánimo y la temperatura corporal.

Por tanto, cuando el estrógeno no activa el hipotálamo correctamente, el cerebro tendrá dificultades para regular estas funciones. De esta manera, se producirían sofocos, alteraciones del deseo sexual y podría aparecer sintomatología ansiosa o cambios de humor.
Por otro lado, el tronco encefálico también se ve afectado por la disminución de estrógenos durante y tras la menopausia. Esta región cerebral regula, entre otros, los ciclos del sueño. Consecuentemente, una alteración de los estrógenos llevaría a una alteración del patrón de sueño y vigilia; o bien, como le ocurre a algunas mujeres durante la menopausia, podría llevar a padecer insomnio.
Los estrógenos también se comunican con la amígdala, centro emocional del cerebro, y el hipocampo, núcleo fundamental para la memoria. Por tanto, la menopausia también disminuye la actividad de estas regiones y se asocia con cambios de humor y fallos de la memoria.

 

¿Cómo protegernos de los síntomas?

Una vez que se conocen estos síntomas y sus causas, es natural preguntarse: ¿se puede hacer algo para aliviarlos?, ¿cómo se puede proteger el cerebro de estos cambios?
Aunque las alteraciones hormonales se regulan con el tiempo y, con ello, los síntomas, hay algunas estrategias que se pueden llevar a cabo para reducir el impacto de estos cambios cerebrales en la menopausia.

Actualmente, una de las terapias más comunes para aliviar la sintomatología es la terapia hormonal. Sin embargo, para algunas mujeres se han registrado efectos secundarios. Además, este tipo de terapia no parece útil para algunos de los cambios, como es el caso del incremento de placas amiloides.
Teniendo esto en cuenta, se recomienda revisar y, en caso de ser necesario, hacer algunos cambios en el estilo de vida.

Por ejemplo, en cuanto a la alimentación, los hábitos de sueño y los niveles de estrés, por su producción de cortisol y su efecto negativo en el nivel de estrógenos. En el caso de la comida, hay determinados alimentos que son beneficiosos para los cambios hormonales durante y tras la menopausia.

Algunos ejemplos son las legumbres, frutas o semillas de lino o sésamo, el chocolate negro, o de manera general, la dieta mediterránea.

Igualmente, para los problemas cognitivos que pueden tener lugar, también pueden realizarse ejercicios que estimulen la atención o la memoria, como crucigramas, practicar idiomas o leer.
En definitiva, la menopausia se relaciona con cambios cerebrales debido a que los niveles de estrógenos disminuyen y se producen determinados cambios en el funcionamiento cerebral. Esta información es valiosa para las mujeres que están pasando por este proceso, ya que podrán comprender mejor los cambios que están experimentando. Así como podrán poner en marcha pautas para aliviar los síntomas que padecen.

 

 

María Vélez

Psicóloga

 

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