¿EXISTE EL DON DE LA SENSIBILIDAD?

A principios de los años ochenta se emitía por televisión la simpática serie El gran héroe Americano (The greatest american heroe). William Katt protagoniza en la serie a Ralph Hinkley, profesor de alumnos con problemas de conducta.

Mientras atraviesa el desierto con un agente del FBI, los extraterrestres contactan con él y le entregan un traje con poderes con el que debe hacer el bien en el mundo. Por desgracia pierde el libro de instrucciones al regresar a la ciudad.

El aprendizaje posterior mediante ensayo y error, coloca al protagonista en situaciones de humor disparatado. Ralph Hinkley no posee ningún don en particular, es una persona como otra cualquiera. Lo único que le diferencia de los demás es que es dueño de un traje especial que le otorga ciertos poderes, pero no tiene ni idea de cómo manejarlo.

No hay ni una persona en el planeta que tenga un libro de instrucciones de cómo vivir, la vida es un camino complicado para todos. Una travesía llena de alegrías y tristezas de las que vamos aprendiendo. Cada individuo configura sobre la marcha su manual de supervivencia y disfrute.

Las personas altamente sensibles no somos una excepción, no nacemos con unos apuntes de guía. Tratamos de hacerlo lo mejor que podemos mientras observamos como a las personas no pas, por lo general, les cuesta menos trabajo avanzar en el proceso. Y es aquí donde cometemos el primer error fatal, tratamos de copiarles y descubrimos que no nos funciona con la misma «facilidad» que a ellos. Por algún motivo, no encajamos y muchas de nosotras tardamos toda una vida en descubrir las razones.

Las personas altamente sensibles no necesitamos un libro de instrucciones para manejarnos, necesitamos dos como le sucedía Ralph Hinkley. Uno para la vida y otro para manejar el regalo de los extraterrestres. El traje «alienígena» de las PAS es nuestro sistema neurosensorial. En principio no es un don, es solo eso, un sistema neurosensorial que funciona de un modo diferente. Hay que tenerlo en cuenta, conocerlo, saber todo lo posible de cómo funciona en ti y escribir tu propio manual.

Con tu traje sin instrucciones llevas toda tu vida en conflicto. Notas que tienes mejor capacidad para percibir y comprender tu entorno. De algún modo te sientes un peldaño por encima que el resto en cuanto a inteligencia emocional, pero tu empatía y sentido de la justicia e igualdad hace que te sientas culpable por el mero hecho de pensarlo. Además, si así fuera, cómo es posible que hasta un niño se adapte con más facilidad a su entorno que tu, el bicho raro que tantas cosas percibe sin saber el porqué:

¿Por qué nos ocurre esto?

Es muy habitual que las PAS descubran que lo son cuando han recorrido un largo camino luchando por el camino equivocado. Si es tu caso, toca conocer cómo funciona tu cerebro, comprender por qué eres como eres y desandar tu camino vital visitando tus recuerdos conflictivos con el nuevo prisma que el conocimiento del rasgo te va a dar.

La alta sensibilidad no es un don, es un rasgo, una condición inamovible. A todo el mundo le gusta sentirse especial, piensa que lo eres de por sí, no por ser altamente sensible. Sentir empatía, ser sensible, percibir, son atributos humanos no exclusivos de las PAS, sin embargo, nuestro sistema neurosensorial los potencia, queda en tu mano elegir si este hecho es o no un don. Todo lo que te sirva para sentirte mejor, que no te dañe ni sirva de prejuicio a los demás para etiquetarte, utilízalo para tu bien.

La doctora en psicología Elaine N. Aron publicó en 1996 su libro «The Highly Sensitive Person» (La persona altamente sensible). En esta obra describe qué es y cómo se manifiesta la SPS o sensibilidad de procesamiento sensorial en las personas. El termino SPS fue acuñado por ella misma en 1991. En España se publicó en 2006 y la editorial, por motivos comerciales, lo tituló «El Don de la sensibilidad».

El resto es historia, confusión y rechazo por parte de muchos profesionales de la salud mental. Unos dicen que es una moda, otros defienden que las PAS son adultos traumatizados en la infancia, neuróticos, autistas, o personas estúpidas o prepotentes que necesitan algo a qué aferrarse para sentirse mejores que los demás.

Entiendo que a una «no PAS» le cueste mucho aceptarlo, tomarlo en serio. Al fin y al cabo yo tampoco afirmo la existencia de nada que no pueda ver, tocar u oler. Solo una persona altamente sensible conoce el sentimiento de permanente desconexión que esta realidad produce. Y más aún si cabe cuando la persona no sabe que es altamente sensible. De ahí el sentimiento liberador derivado de descubrir que no nos ocurre nada malo y que existe una razón que viene acompañada de su libro de instrucciones.

Lo que si hay de cierto en cuanto a si existe o no el Don de la sensibilidad, es que una correcta gestión del rasgo, ese traje sin instrucciones que en principio es tu sistema neurosensorial, potenciará tus habilidades naturales. Ya que te aportará creatividad e intuición al canalizar correctamente el torrente desbocado de pensamientos e información que fluyen de forma descontrolada por tu mente.

Y tu que opinas, ¿la alta sensibilidad es un don?

 

 

Juan Carlos Carrasco

Coaching de PAS (personas altamente sensibles)

Col·laboradors

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